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Me llamo EPI

EPI, se trata unas siglas que podríamos asociar a cualquier partido político candidato a la alcaldía. Podríamos, pero no lo haremos, le daremos sentido a esas tres letras y nos encontraremos con esta serie de palabras: Equipo de Protección Individual. Lo que queda un tanto lejos de los próximos aspirantes a soltar discursos desde el balcón del ayuntamiento.

No se requiere ser un clon del espabilado Sherlock Holmes para imaginarse que este artículo no versará sobre reflexoterapia podal, más bien lo hará sobre algo (Equipo) que nos protegerá (Protección) solo a nosotros (Individual).

Vamos a poner un ejemplo que puede ayudar a clarificar esta introducción, siendo los protagonistas un par de guantes de goma, esos que se utilizan para limpiar en casa y que deben protegernos de los productos químicos que utilizamos para esas tareas. Pues bien, eso es un EPI, un equipo que nos protege de productos que pueden ser perjudiciales para la piel, y como en un par de guantes tan solo entran dos manos, se trata de una protección individual.

Una definición más académica de un EPI sería: equipo destinado a ser llevado o sujetado para que nos proteja de uno o varios riesgos que puedan amenazar nuestra seguridad o salud, así como cualquier complemento o accesorio destinado a tal fin.

A continuación vamos a relacionar diferentes partes del cuerpo que puedan requerir protección y ejemplos de EPI para cada caso:

  • Cabeza: cascos.
  • Oído: protectores auditivos tipo “tapones”, protectores auditivos tipo “orejeras”,…
  • Ojos y cara: gafas, pantallas faciales,…
  • Vías respiratorias: equipos filtrantes frente a gases, equipos filtrantes frente a partículas,…
  • Manos y brazos: guantes contra las agresiones mecánicas, guantes contra las agresiones químicas, manguitos,…
  • Pies y piernas: calzado de seguridad, polainas,…
  • Piel: cremas de protección.
  • Tronco y abdomen: chalecos, chaquetas o mandiles contra las agresiones mecánicas, chalecos salvavidas,…
  • Todo el cuerpo: arneses, dispositivos anticaídas deslizantes,…

En el mundo laboral, plagado éste de riesgos, el EPI juega un papel sumamente importante, aunque deberemos tener en cuenta esta frase lapidaria: el EPI debe ser considerado el último recurso. Ello quiere decir que recurriremos a él cuando los riesgos no puedan evitarse o limitarse suficientemente mediante la utilización de medios de protección colectiva, cuando no existan soluciones técnicas razonables, en operaciones de limpieza, mantenimiento, reparación de averías,…, por ser situaciones de trabajo en las que, para realizar la actividad, puede ser necesario anular temporalmente algún sistema de protección,…

Acciones a emprender hasta el suministro y utilización del EPI:

Diagrama

Evaluación de riesgos de los diferentes puestos de trabajo

Se deberán evaluar los riesgos de los puestos de trabajo, estableciéndose el uso de un EPI en aquellos casos en que los riesgos no puedan evitarse o limitarse suficientemente por otros medios.

Determinar el EPI necesario

Una vez se es consciente de los riesgos ante los cuales se requerirá la utilización de un EPI, se deberán determinar las características que deberá reunir éste, atendiendo a la naturaleza y magnitud de los riesgos de los que deba proteger.

En su elección habrá que considerar las características del trabajo donde será utilizado y las características del que hará uso de él. Por ejemplo, a la hora de optar por unos guantes deberíamos saber si en la tarea a efectuar puede quedar reducida la sensibilidad requerida, o bien si el trabajador es alérgico al latex, por lo cual, si los guantes elegidos son de latex tendremos que optar por unos de nitrilo u otro material alternativo.

Cualquier EPI, en primera instancia, se cataloga como de categoría 1,2 o 3, siendo de categoría 1 si protege contra riesgos mínimos y de categoría 3 si protege contra riesgos de consecuencias graves, mortales o irreversibles. A partir de aquí, con cada tipología de EPI (guantes, equipos filtrantes frente a gases, calzado de seguridad,…) se abre un abanico de posibilidades.

Pongamos como ejemplo un guante contra agresiones mecánicas (cortes, perforaciones,…), en el cual el nivel de protección frente a los diferentes riesgos mecánicos puede ser de diferente magnitud, algo que deberemos tener en cuenta en función del nivel de los riesgos del puesto de trabajo.

En el guante nos encontraremos con la siguiente información:

Formación e información

Toda persona que deba utilizar un EPI tendrá que ser previamente formada e informada, debiendo ser conocedora de los riesgos por los que debe utilizarlo, instruida en cuanto a su correcto uso y a su mantenimiento e informada sobre los límites de uso establecidos por el fabricante.

El manual de instrucciones y otra documentación entregada por el fabricante deben estar siempre a disposición del usuario.

Suministro y utilización del EPI

Tras el suministro del EPI habrá que velar por que éste se use correctamente y se mantenga en buen estado. Para ello, en Rieusset, tenemos establecidas visitas periódicas donde, entre otros detalles relativos a la seguridad y salud laboral, se efectúa esta supervisión.

Aquí concluimos con el artículo y lanzamos la siguiente pregunta a todo aquel lector que haya llegado hasta aquí: ¿a qué EPI habría que recurrir si nuestro vecino toca la gaita y no deseamos oírle?

Marc Ferrer
marc.ferrer@gerosagroup.com

Departamento Técnico